Está claro que no todo el mundo es de fiar. Lo bien cierto es que hay quien abogando por esta máxima termina por sospechar de todo el que le rodea y esto lo único que ocasiona es la pérdida de oportunidades. Oportunidades de conseguir nuevos amigos, de hacer negocios, ...
Recuerdo un viejo profesor que un día en una de sus clases planteó el siguiente dilema: "¿Creeis que para evitar que una persona, que seguro cometerá alguna mala acción a lo largo de su vida, sería adecuado que viviese por siempre con las manos atadas a la espalda?"
Por una mala persona que conocí, ¿he de desconfiar de quienes me rodean?
La respuesta es obviamente NO, pues unos pocos descerebrados sin escrúpulos no pueden ser quienes dicten tu forma de ser y de actuar.
No obstante, me voy a permitir hacer una sugerencia a aquellos que lean esta entrada.
Si quedas con alguien para tomar un café o para ir a jugar al fútbol, obviamente no es de excesiva relevancia si este personaje es una buena persona o si se dedica a la estafa. Pero en el momento que entre en tu vida o te propongas hacer un negocio con él, hay un ejercicio muy sano e higiénico que deberías hacer:
Usa GOOGLE y pon su nombre y apellidos entre comillas y a continuación pones la palabra ADMINISTRADOR. Puedes probar también a poner en lugar de ADMINISTRADOR, EMBARGO, SENTENCIA, o cualquier término que pudiera arrojar luz sobre la "salud" de tu posible colaborador.
Es sorprendente lo que puede llegar a aparecer.
[Marketing, Ventas & Management]
Experiencias, impresiones y reflexiones sobre una vida laboral y su reflejo en el día a día.
lunes, 6 de septiembre de 2010
jueves, 2 de septiembre de 2010
EL DIFUSO PERFIL DE UN ESTAFADOR
Erase una vez un sujeto conocido por todos por su carácter risueño, bromista y desenfadado. Gustaba a este personaje alagar a todos los que le rodeaban, alcanzando así una popularidad y protagonismo por encima de los demás. Se rodeaba de gente más joven (él ya pasaba de los cinco decenios) para garantizarse así la supremacía del grupo.
Bohemio como él solo, ocupaba su tiempo, o al menos eso decía él, en proveer de servicios a los más ilustres clientes de la zona, en lo que venía a ser su empresa, la que llamaremos Paciencia y Virtud (PyV). Por cierto, carente de actividad y estructura, no más allá de él mismo, su mujer y parece ser, algún becario, cosa que nunca pudimos constatar. Además siempre se jactaba de cobrar a sus clientes precios elevados, desorbitadamente elevados. No sé si para así destacar su supuesta calidad profesional o simplemente para posicionarse en un estatus social de elevado poder adquisitivo.
Nuestro carismático personaje, al que podemos llamar Don Guzmán de Vicuña (nombre claramente ficticio) se movía con gran comodidad en el entorno que nos era común, haciendo halago de su verborrea, palabras con doble sentido y su capacidad de narrar amenas historias.
Rondaba la primavera de 2010 cuando a un servidor, a quien conoce y con quien se relaciona por motivos que no vienen al caso y que logicamente son personales, le propone la participación en un proyecto sin competencia, que al parecer fue realizado para una empresa, hace unos tres años y que al parecer se fue al traste por “malentendidos entre sus socios”. Este proyecto usaba una tecnología, desarrollada por Don Guzmán, según él, fruto de sus largos años de trabajo en el campo de su "especialidad" (aparte de la estafa).
Como quiera que Don Guzmán era hábil preparando el terreno y el firmante se reconoce inexperto en la detección de caraduras y fácilmente influenciable emocionalmente, accedió a dicho proyecto. Pero claro, para poder revelar algo más sobre el misterioso asunto “había que comprometerse” y este ingenuo hizo un ingreso de una suma de dinero en la cuenta de Don Guzmán de Vicuña, a quien para abreviar a partir de ahora llamaremos DGV.
De forma paralela, logró engatusar a otro pardillo, a quien le sacó otro tanto y posteriormente integra en lo que él llama proyecto a otro personaje, éste empresario y bien relacionado. Tengo además la ligera impresión que utilizó mi somera relación personal para que yo avalase su credibilidad ante los demás, ante lo difuso de su "proyecto".
Fruto de los ingresos efectuados, emite unos recibos por conceptos tan abstractos como su honradez. Por si esto fuera poco, a cada uno de nosotros, nos dice que si algo no tuviéramos claro, nos retornaría las cantidades depositadas.
Metidos en harina, comenzamos a desarrollar lo que viene a ser un plan de negocio, un breve estudio de mercado y todo va cuadrando. Todo ello gracias a un sobreesfuerzo ya que todos tenemos nuestro trabajo y dedicamos festivos y noches a este menester. Por lo que parece estamos frente a una oportunidad de negocio importante y prometedora.
Pero “oh campos de soledad, oh mustios collados...” cuando empezamos a solicitar a DGV un presupuesto, un pliego de especificaciones, en definitiva, lo que viene a ser un PROYECTO para cualquiera de los mortales, comienzan las divagaciones, las palabras con doble sentido, los conceptos legales, que nuestro amigo tan bien maneja, al parecer fruto de sus anteriores “experiencias”. Se convierte en un talibán de la legalidad en materia de propiedad intelectual.
Todos sus correos son vagos, mal explicados, mal redactados. ¿Todos? No, todos no, tan sólo aquellos en los que demanda más dinero por conceptos que pretende vendernos junto al “proyecto” y que nunca se dignó a mostrar. Pretendía nuestro “amigo” limpiar su empresa de equipos obsoletos y vendérnoslos a precio de nuevos y actuales.
Así pues, pasamos de un proyecto prometedor a una relación de total dependencia, donde para cualquier cosa hay que poco menos que pedir permiso a este individuo, quien además queda al margen de la sociedad que hay que constituir. En esas condiciones, los tres participantes decidimos no continuar y solicitamos los reintegros que en su día prometió.
Reunidos en la sede de su empresa, nuevamente vacía y la cual parece congelada por el tiempo, nos dice que de devolvernos el dinero ni hablar, que eso no es así. Incluso dice a alguno de nosotros que no se acordaba de haber dicho eso.
Ante esta tesitura, le exigimos que nos entregue el proyecto. Nos dice que está preparado y que "vamos a salir al mercado con él y espero que sea con vosotros". También nos dice que cojamos el ordenador y nos lo llevemos. Lógicamente, no podemos llevarnos un equipo de más de 6 años por un valor 3 veces superior
a lo que hoy se está pagando por un equipo de gama muy alta. Nos dice que dentro está el software y todo lo que él “prometió”. Ahora viene lo bueno. Le digo directamente que junto al equipo, nos entregue el proyecto correctamente redactado. Ni corto ni perezoso me dice que lo redacte yo si quiero. Atónitos y para evitar tentaciones, decidimos abandonar su local, cutre y polvoriento.
Conclusiones:
Cómo es posible que un equipo destinado a un proyecto hace tres años, cuente con una antigüedad superior a seis.
¿Estamos realmente solos en el Universo? Quiero decir, ¿somos los únicos estafados o ya hubieron otros anteriormente?
Cómo un personaje que se jacta de su profesionalidad es incapaz de redactar un proyecto como Dios manda y manda una documentación cutre, salchichera y que ni un estudiante de primer curso tendría la vergüenza de firmar. Un profesional, no puede hacer un documento mezclando fuentes, sin criterios de maquetación y con contenidos extractados en parte de lo que le hemos ido trasmitiendo los estafados.
Además nos enteramos que toda su amabilidad y halagos, se tornan en insultos y bajezas tan pronto nos damos la vuelta. Y eso lo hace con todos los que se mueven en su entorno. CON TODOS, HASTA CON LOS QUE HA HECHO MÁS “AMISTAD”.
Reflexión:
Cuando se trate de negocios, seamos capaces de separar lo personal de lo estrictamente técnico. Exijamos siempre documentación con conceptos claros y concisos. Si algo no somos capaces de entenderlo, es porque probablemente no sea cierto, esconda segundas intenciones o carezca de solidez.
Esto lo tomaremos como un Máster. Algo caro dada su corta duración, pero que nos enseñará a los integrantes de aquel fiasco que las cosas hay que hacerlas de una sola manera: BIEN. Y bien quiere decir conforme a derecho. Cuando alguien se ofenda porque le preguntas dos veces lo que no has entendido, no pienses que eres tonto. Según el principio llamado “la navaja de Ockham”, la mayoría de veces, la respuesta más obvia y sencilla es la correcta. Y si es blanco y va en brick, será leche. Posiblemente caducada, pero leche.
Bohemio como él solo, ocupaba su tiempo, o al menos eso decía él, en proveer de servicios a los más ilustres clientes de la zona, en lo que venía a ser su empresa, la que llamaremos Paciencia y Virtud (PyV). Por cierto, carente de actividad y estructura, no más allá de él mismo, su mujer y parece ser, algún becario, cosa que nunca pudimos constatar. Además siempre se jactaba de cobrar a sus clientes precios elevados, desorbitadamente elevados. No sé si para así destacar su supuesta calidad profesional o simplemente para posicionarse en un estatus social de elevado poder adquisitivo.
Nuestro carismático personaje, al que podemos llamar Don Guzmán de Vicuña (nombre claramente ficticio) se movía con gran comodidad en el entorno que nos era común, haciendo halago de su verborrea, palabras con doble sentido y su capacidad de narrar amenas historias.
Rondaba la primavera de 2010 cuando a un servidor, a quien conoce y con quien se relaciona por motivos que no vienen al caso y que logicamente son personales, le propone la participación en un proyecto sin competencia, que al parecer fue realizado para una empresa, hace unos tres años y que al parecer se fue al traste por “malentendidos entre sus socios”. Este proyecto usaba una tecnología, desarrollada por Don Guzmán, según él, fruto de sus largos años de trabajo en el campo de su "especialidad" (aparte de la estafa).
Como quiera que Don Guzmán era hábil preparando el terreno y el firmante se reconoce inexperto en la detección de caraduras y fácilmente influenciable emocionalmente, accedió a dicho proyecto. Pero claro, para poder revelar algo más sobre el misterioso asunto “había que comprometerse” y este ingenuo hizo un ingreso de una suma de dinero en la cuenta de Don Guzmán de Vicuña, a quien para abreviar a partir de ahora llamaremos DGV.
De forma paralela, logró engatusar a otro pardillo, a quien le sacó otro tanto y posteriormente integra en lo que él llama proyecto a otro personaje, éste empresario y bien relacionado. Tengo además la ligera impresión que utilizó mi somera relación personal para que yo avalase su credibilidad ante los demás, ante lo difuso de su "proyecto".
Fruto de los ingresos efectuados, emite unos recibos por conceptos tan abstractos como su honradez. Por si esto fuera poco, a cada uno de nosotros, nos dice que si algo no tuviéramos claro, nos retornaría las cantidades depositadas.
Metidos en harina, comenzamos a desarrollar lo que viene a ser un plan de negocio, un breve estudio de mercado y todo va cuadrando. Todo ello gracias a un sobreesfuerzo ya que todos tenemos nuestro trabajo y dedicamos festivos y noches a este menester. Por lo que parece estamos frente a una oportunidad de negocio importante y prometedora.
Pero “oh campos de soledad, oh mustios collados...” cuando empezamos a solicitar a DGV un presupuesto, un pliego de especificaciones, en definitiva, lo que viene a ser un PROYECTO para cualquiera de los mortales, comienzan las divagaciones, las palabras con doble sentido, los conceptos legales, que nuestro amigo tan bien maneja, al parecer fruto de sus anteriores “experiencias”. Se convierte en un talibán de la legalidad en materia de propiedad intelectual.
Todos sus correos son vagos, mal explicados, mal redactados. ¿Todos? No, todos no, tan sólo aquellos en los que demanda más dinero por conceptos que pretende vendernos junto al “proyecto” y que nunca se dignó a mostrar. Pretendía nuestro “amigo” limpiar su empresa de equipos obsoletos y vendérnoslos a precio de nuevos y actuales.
Así pues, pasamos de un proyecto prometedor a una relación de total dependencia, donde para cualquier cosa hay que poco menos que pedir permiso a este individuo, quien además queda al margen de la sociedad que hay que constituir. En esas condiciones, los tres participantes decidimos no continuar y solicitamos los reintegros que en su día prometió.
Reunidos en la sede de su empresa, nuevamente vacía y la cual parece congelada por el tiempo, nos dice que de devolvernos el dinero ni hablar, que eso no es así. Incluso dice a alguno de nosotros que no se acordaba de haber dicho eso.
Ante esta tesitura, le exigimos que nos entregue el proyecto. Nos dice que está preparado y que "vamos a salir al mercado con él y espero que sea con vosotros". También nos dice que cojamos el ordenador y nos lo llevemos. Lógicamente, no podemos llevarnos un equipo de más de 6 años por un valor 3 veces superior
a lo que hoy se está pagando por un equipo de gama muy alta. Nos dice que dentro está el software y todo lo que él “prometió”. Ahora viene lo bueno. Le digo directamente que junto al equipo, nos entregue el proyecto correctamente redactado. Ni corto ni perezoso me dice que lo redacte yo si quiero. Atónitos y para evitar tentaciones, decidimos abandonar su local, cutre y polvoriento.
Conclusiones:
Cómo es posible que un equipo destinado a un proyecto hace tres años, cuente con una antigüedad superior a seis.
¿Estamos realmente solos en el Universo? Quiero decir, ¿somos los únicos estafados o ya hubieron otros anteriormente?
Cómo un personaje que se jacta de su profesionalidad es incapaz de redactar un proyecto como Dios manda y manda una documentación cutre, salchichera y que ni un estudiante de primer curso tendría la vergüenza de firmar. Un profesional, no puede hacer un documento mezclando fuentes, sin criterios de maquetación y con contenidos extractados en parte de lo que le hemos ido trasmitiendo los estafados.
Además nos enteramos que toda su amabilidad y halagos, se tornan en insultos y bajezas tan pronto nos damos la vuelta. Y eso lo hace con todos los que se mueven en su entorno. CON TODOS, HASTA CON LOS QUE HA HECHO MÁS “AMISTAD”.
Reflexión:
Cuando se trate de negocios, seamos capaces de separar lo personal de lo estrictamente técnico. Exijamos siempre documentación con conceptos claros y concisos. Si algo no somos capaces de entenderlo, es porque probablemente no sea cierto, esconda segundas intenciones o carezca de solidez.
Esto lo tomaremos como un Máster. Algo caro dada su corta duración, pero que nos enseñará a los integrantes de aquel fiasco que las cosas hay que hacerlas de una sola manera: BIEN. Y bien quiere decir conforme a derecho. Cuando alguien se ofenda porque le preguntas dos veces lo que no has entendido, no pienses que eres tonto. Según el principio llamado “la navaja de Ockham”, la mayoría de veces, la respuesta más obvia y sencilla es la correcta. Y si es blanco y va en brick, será leche. Posiblemente caducada, pero leche.
Etiquetas:
Diego Garrido,
Garrido,
Garrido Vega,
muebles,
Para mi amigo,
Pixel y Papel,
Vega
jueves, 1 de abril de 2010
MEDIDAS ANTICRISIS??
Hay cosas que, sin saber bien porqué, se te quedan grabadas y, por mucho tiempo que pase, no se borran de la memoria.
Yo recuerdo que estaba cursando probablemente 5º ó 6º de EGB cuando, en una asignatura llamada “Sociales”, me explicaron el término "balanza comercial" y los conceptos de déficit y superávit. El déficit es el resultado que se obtiene cuando se importa más que se exporta. Obviamente el superávit se produce cuando los términos se invierten.
Lo que está claro que en España tenemos déficit en nuestra balanza comercial y puesto que el consumo interno está con el freno de mano echado, lo más inteligente es mirar hacia el exterior. (Obviamente hablo de industria productiva y no de servicios). Tanto por el bien propio como por aspectos "macro".
Lo que está claro es que nuestras empresas, lógicamente aquellas cuyos productos puedan ser consumidos en el extrangero, deben enfocar su comunicación hacia mercados exteriores, donde hay países que no son hispanoparlantes.
El marketing y el sentido común, que vienen a ser casi lo mismo, te dicen que para que un cliente te entienda, lo primero que debes hacer es hablar su idioma.
Imagino que hasta aquí todos estaréis de acuerdo conmigo.
Bueno, pues el otro día recibí una comunicación, en este caso de la Cámara de Comercio de Valencia, en la que se pretende impulsar el uso de otros idiomas en las empresas. Para ello plantea subvenciones en acciones tales como la traducción de la WEB y de catálogos, de cartelería, etc.
No parece nada descabellado ya que de paso que concienciamos en la necesidad de exportar y en última instancia internacionalizarse, apoyamos a las industrias locales minimizando sus costes en estos tiempos tan difíciles y generamos algo de negocio para sectores como el de los rótulos, imprentas, traducciones, etc.
Pero no es oro todo lo que reluce, ni tiene neuronas todo aquel que dirige un gobierno. Más bien parece que cuando alguien decide ser político, está obligado a pasar un proceso de lobotomización, que le deja carente de todo sentido común.
Pues ni más ni menos que lo que se pretende con la campaña en cuestión, no es otra cosa que fomentar el uso del Valenciano en las empresas, subvencionando hasta el 50% de los gastos generados de dichas actuaciones.
No está mal que una empresa incluya en su web la opción de valenciano. Que tenga una versión de su catálogo en este idioma ya me parece algo más forzado, pero que su rótulo esté en valenciano ya no lo comprendo. Pero que esto sea algo que paguemos todos, ya es el colmo.
¿A caso una familia se plantea comprarse un portátil si no le llega ni para comer? El dinero, y más el público, hay que usarlo con conocimiento, poniendolo allí donde va a generar mayor retorno. Dejemos la política lingüística para otros momentos y centrémonos en aquellas actuaciones que puedan hacer que las empresas, que están pasando por momentos difíciles, se adhieran a programas que fomenten sus negocios objetivos.
No creo que haya nadie que entienda el Valenciano y no el Español (escrito), además el uso del Valenciano se circunscribe a territorios dentro de nuestra Comunidad Autónoma, donde la crisis es más que patente.
Dirijamos nuestras empresas con conocimiento y hagamos que cualquier euro invertido en Marketing tenga el máximo alcance posible.
Traduzcamos nuestras webs y documentos al Inglés, al Chino, al Árabe, al Ruso y, si queda hueco, porqué no al Valenciano.
Yo recuerdo que estaba cursando probablemente 5º ó 6º de EGB cuando, en una asignatura llamada “Sociales”, me explicaron el término "balanza comercial" y los conceptos de déficit y superávit. El déficit es el resultado que se obtiene cuando se importa más que se exporta. Obviamente el superávit se produce cuando los términos se invierten.
Lo que está claro que en España tenemos déficit en nuestra balanza comercial y puesto que el consumo interno está con el freno de mano echado, lo más inteligente es mirar hacia el exterior. (Obviamente hablo de industria productiva y no de servicios). Tanto por el bien propio como por aspectos "macro".
Lo que está claro es que nuestras empresas, lógicamente aquellas cuyos productos puedan ser consumidos en el extrangero, deben enfocar su comunicación hacia mercados exteriores, donde hay países que no son hispanoparlantes.
El marketing y el sentido común, que vienen a ser casi lo mismo, te dicen que para que un cliente te entienda, lo primero que debes hacer es hablar su idioma.
Imagino que hasta aquí todos estaréis de acuerdo conmigo.
Bueno, pues el otro día recibí una comunicación, en este caso de la Cámara de Comercio de Valencia, en la que se pretende impulsar el uso de otros idiomas en las empresas. Para ello plantea subvenciones en acciones tales como la traducción de la WEB y de catálogos, de cartelería, etc.
No parece nada descabellado ya que de paso que concienciamos en la necesidad de exportar y en última instancia internacionalizarse, apoyamos a las industrias locales minimizando sus costes en estos tiempos tan difíciles y generamos algo de negocio para sectores como el de los rótulos, imprentas, traducciones, etc.
Pero no es oro todo lo que reluce, ni tiene neuronas todo aquel que dirige un gobierno. Más bien parece que cuando alguien decide ser político, está obligado a pasar un proceso de lobotomización, que le deja carente de todo sentido común.
Pues ni más ni menos que lo que se pretende con la campaña en cuestión, no es otra cosa que fomentar el uso del Valenciano en las empresas, subvencionando hasta el 50% de los gastos generados de dichas actuaciones.
No está mal que una empresa incluya en su web la opción de valenciano. Que tenga una versión de su catálogo en este idioma ya me parece algo más forzado, pero que su rótulo esté en valenciano ya no lo comprendo. Pero que esto sea algo que paguemos todos, ya es el colmo.
¿A caso una familia se plantea comprarse un portátil si no le llega ni para comer? El dinero, y más el público, hay que usarlo con conocimiento, poniendolo allí donde va a generar mayor retorno. Dejemos la política lingüística para otros momentos y centrémonos en aquellas actuaciones que puedan hacer que las empresas, que están pasando por momentos difíciles, se adhieran a programas que fomenten sus negocios objetivos.
No creo que haya nadie que entienda el Valenciano y no el Español (escrito), además el uso del Valenciano se circunscribe a territorios dentro de nuestra Comunidad Autónoma, donde la crisis es más que patente.
Dirijamos nuestras empresas con conocimiento y hagamos que cualquier euro invertido en Marketing tenga el máximo alcance posible.
Traduzcamos nuestras webs y documentos al Inglés, al Chino, al Árabe, al Ruso y, si queda hueco, porqué no al Valenciano.
viernes, 5 de marzo de 2010
EL ANONIMATO EN LA RED...
... o de cómo Internet refleja una realidad social.
Ayer sin ir más lejos, un personaje, que supuestamente hablaba en nombre de Kinepolis (obviamente no creo que represente ni a su perro) decía varias sandeces e incoherencias a cerca de mi anterior entrada, todo ello adobado con faltas ortográficas.
Lógicamente susodicho indivíduo (o indivídua) estaba amparado por el anonimato, lo que le confería la potestad de erigirse como el gran defensor de esta entidad.
Como es normal no he considerado oportuno publicar su comentario. Pero sí que le invito a registrarse y si argumenta con educación (no es necesaria la coherencia) le publicaré sus comentarios. Y digo que no es necesaria coherencia, porque cada uno es libre de pensar como quiera, pero su libertad acaba cuando se profieren insultos contra alguien, cuyo único delito es opinar educada y abiertamente.
Pues esto es lo que pasa también en la vida real, está el que tira piedras a la autovía desde un puente o el que cuando sube a su coche, se transforma al sentirse cobijado por la coraza metálica de la carrocería, dedicándose a proferir insultos y lecciones de tráfico al resto de conductores. Por no hablar de que su actitud pone en peligro al resto de usuarios de la vía.
Es por todo ello por lo que el estudio de la conducta humana en "la vida real" se ve reflejada y en muchos casos amplificada por el fenómeno de la red, y que a nadie debería sorprender ciertas actitudes de personajes que luego, en su día a día, probablemente sean reprimidos y amargados y que en la intimidad usen su ordenador para vengarse de "la vida".
Cambian los tiempos y con ellos los medios, pero la esencia del Ser Humano en todo su espectro perdura inalterable, tan sólo adaptándose en su lenta evolución a las herramientas del momento.
Ayer sin ir más lejos, un personaje, que supuestamente hablaba en nombre de Kinepolis (obviamente no creo que represente ni a su perro) decía varias sandeces e incoherencias a cerca de mi anterior entrada, todo ello adobado con faltas ortográficas.
Lógicamente susodicho indivíduo (o indivídua) estaba amparado por el anonimato, lo que le confería la potestad de erigirse como el gran defensor de esta entidad.
Como es normal no he considerado oportuno publicar su comentario. Pero sí que le invito a registrarse y si argumenta con educación (no es necesaria la coherencia) le publicaré sus comentarios. Y digo que no es necesaria coherencia, porque cada uno es libre de pensar como quiera, pero su libertad acaba cuando se profieren insultos contra alguien, cuyo único delito es opinar educada y abiertamente.
Pues esto es lo que pasa también en la vida real, está el que tira piedras a la autovía desde un puente o el que cuando sube a su coche, se transforma al sentirse cobijado por la coraza metálica de la carrocería, dedicándose a proferir insultos y lecciones de tráfico al resto de conductores. Por no hablar de que su actitud pone en peligro al resto de usuarios de la vía.
Es por todo ello por lo que el estudio de la conducta humana en "la vida real" se ve reflejada y en muchos casos amplificada por el fenómeno de la red, y que a nadie debería sorprender ciertas actitudes de personajes que luego, en su día a día, probablemente sean reprimidos y amargados y que en la intimidad usen su ordenador para vengarse de "la vida".
Cambian los tiempos y con ellos los medios, pero la esencia del Ser Humano en todo su espectro perdura inalterable, tan sólo adaptándose en su lenta evolución a las herramientas del momento.
sábado, 28 de noviembre de 2009
Kinepolis: Orientación a los resultados: no al cliente.

… Y DICEN QUE EL CINE SE MUERE.
Kinepolis: orientación a resultados, no al cliente.
Estamos en crisis, le pese a quien le pese y la realidad es que muchas familias recortamos el gasto en la medida de lo posible. Al fin y al cabo es lo que se dictan los informes y estudios de mercado de nuestro pais.
Pues igual que hay empresas que se apoyan el sentimiento del consumidor para darle facilidades, incentivar el consumo y permitir que la reactivación económica sea una realidad, hay otras que parece que naveguen a contracorriente. Estoy hablando de Kinepolis.
Al final de una semana en la que han aflorado diferentes opiniones, no exentas de polémica, sobre el cine y su financiación, me estrello de morros con una Empresa del sector alejada de lo único que podría garantizar su pervivencia: el cliente.
Sin más preámbulos voy a relatar lo acontecido y que cada uno extraiga sus propias conclusiones (agradeceré comentarios al respecto).
Viernes 27 de noviembre, 17h. Mi hijo de 5 años sale del “cole” y decido darle una sorpresa y llevarlo al cine a ver la película “Planet 51”. Estuvo malito a principios de semana (un constipado sin importancia, pero con mucha fiebre y mucho moquito) y como premio a lo buen enfermo que fue y a lo bien que se ha portado en clase, creímos su madre y yo que se merecía un premio.
Así pues nos dirigimos a Kinepolis en Paterna (Valencia) y sacamos las entradas. Pero cuando nos dirigimos hacia las salas, una señorita nos dice que el niño no puede entrar con la botellita de agua que llevaba en la mano. Cortesmente le explico que como ha estado malito debe beber sorbitos de agua para los moquetes de la garganta. Le pregunto que cómo es posible que no se pueda entrar con una botellita de agua a la sala.
Su respuesta no me la podía creer: “Sí se puede entrar agua y lo que se desee a la sala, pero ha de comprarlo dentro”.
Es decir que el negocio está montado de narices, no sólo hay que desembolsar 7,20€ por una entrada, sino que además de tirar una botella llena de agua recién comprada, he de pagar lo que a estos buenos señores se les antoje por otra seguramente de peor calidad.
Pues no, me niego, devuelvo las entradas, pese al disgusto de mi hijo. Ceder no sería más que aceptar su chantaje a través de las emociones de mi hijo. Mirando la enorme cola de padres con hijos empiezo a pensar si serán conscientes del abuso, pero recuerdo que estamos en España y nadie va a hacer lo que yo. Es más cómodo tragar y callar.
La verdad es que no entiendo nada, porque en atención al consumidor me dicen que no es denunciable. Pues entonces que tampoco se metan cuando en la publicidad orientada a los menores, se les utilize para coaccionar a los padres.
En fin, es una vergüenza. Pero preguntémonos: dónde tienen las salas de cine el negocio, en la proyección de películas o en la venta de productos a unos precios desorbitados con márgenes de infarto ya que si alguien quiere tomar algo, aunque sea agua, va a tener que “pasar por el aro”.
Por mí pueden cerrar todas estas macrosalas. Que vuelvan las salas tradicionales donde “el visite nuestro bar” era sólo si tú querías y donde los precios estaban en orden de mercado.
Para aquellos que aún no lo comprendan, les voy a poner un ejemplo: qué opinarían si cuando fuesen a un hotel, les impidiesen usar sus teléfonos móviles, de forma que, para comunicarse con el exterior, sólo pudiesen hacer uso de las líneas del recinto con tarifas que multiplicases por cinco las de los operadores móviles.
Kinepolis: orientación a resultados, no al cliente.
Estamos en crisis, le pese a quien le pese y la realidad es que muchas familias recortamos el gasto en la medida de lo posible. Al fin y al cabo es lo que se dictan los informes y estudios de mercado de nuestro pais.
Pues igual que hay empresas que se apoyan el sentimiento del consumidor para darle facilidades, incentivar el consumo y permitir que la reactivación económica sea una realidad, hay otras que parece que naveguen a contracorriente. Estoy hablando de Kinepolis.
Al final de una semana en la que han aflorado diferentes opiniones, no exentas de polémica, sobre el cine y su financiación, me estrello de morros con una Empresa del sector alejada de lo único que podría garantizar su pervivencia: el cliente.
Sin más preámbulos voy a relatar lo acontecido y que cada uno extraiga sus propias conclusiones (agradeceré comentarios al respecto).
Viernes 27 de noviembre, 17h. Mi hijo de 5 años sale del “cole” y decido darle una sorpresa y llevarlo al cine a ver la película “Planet 51”. Estuvo malito a principios de semana (un constipado sin importancia, pero con mucha fiebre y mucho moquito) y como premio a lo buen enfermo que fue y a lo bien que se ha portado en clase, creímos su madre y yo que se merecía un premio.
Así pues nos dirigimos a Kinepolis en Paterna (Valencia) y sacamos las entradas. Pero cuando nos dirigimos hacia las salas, una señorita nos dice que el niño no puede entrar con la botellita de agua que llevaba en la mano. Cortesmente le explico que como ha estado malito debe beber sorbitos de agua para los moquetes de la garganta. Le pregunto que cómo es posible que no se pueda entrar con una botellita de agua a la sala.
Su respuesta no me la podía creer: “Sí se puede entrar agua y lo que se desee a la sala, pero ha de comprarlo dentro”.
Es decir que el negocio está montado de narices, no sólo hay que desembolsar 7,20€ por una entrada, sino que además de tirar una botella llena de agua recién comprada, he de pagar lo que a estos buenos señores se les antoje por otra seguramente de peor calidad.
Pues no, me niego, devuelvo las entradas, pese al disgusto de mi hijo. Ceder no sería más que aceptar su chantaje a través de las emociones de mi hijo. Mirando la enorme cola de padres con hijos empiezo a pensar si serán conscientes del abuso, pero recuerdo que estamos en España y nadie va a hacer lo que yo. Es más cómodo tragar y callar.
La verdad es que no entiendo nada, porque en atención al consumidor me dicen que no es denunciable. Pues entonces que tampoco se metan cuando en la publicidad orientada a los menores, se les utilize para coaccionar a los padres.
En fin, es una vergüenza. Pero preguntémonos: dónde tienen las salas de cine el negocio, en la proyección de películas o en la venta de productos a unos precios desorbitados con márgenes de infarto ya que si alguien quiere tomar algo, aunque sea agua, va a tener que “pasar por el aro”.
Por mí pueden cerrar todas estas macrosalas. Que vuelvan las salas tradicionales donde “el visite nuestro bar” era sólo si tú querías y donde los precios estaban en orden de mercado.
Para aquellos que aún no lo comprendan, les voy a poner un ejemplo: qué opinarían si cuando fuesen a un hotel, les impidiesen usar sus teléfonos móviles, de forma que, para comunicarse con el exterior, sólo pudiesen hacer uso de las líneas del recinto con tarifas que multiplicases por cinco las de los operadores móviles.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
