[Marketing, Ventas & Management]
Experiencias, impresiones y reflexiones sobre una vida laboral y su reflejo en el día a día.
viernes, 5 de marzo de 2010
EL ANONIMATO EN LA RED...
Ayer sin ir más lejos, un personaje, que supuestamente hablaba en nombre de Kinepolis (obviamente no creo que represente ni a su perro) decía varias sandeces e incoherencias a cerca de mi anterior entrada, todo ello adobado con faltas ortográficas.
Lógicamente susodicho indivíduo (o indivídua) estaba amparado por el anonimato, lo que le confería la potestad de erigirse como el gran defensor de esta entidad.
Como es normal no he considerado oportuno publicar su comentario. Pero sí que le invito a registrarse y si argumenta con educación (no es necesaria la coherencia) le publicaré sus comentarios. Y digo que no es necesaria coherencia, porque cada uno es libre de pensar como quiera, pero su libertad acaba cuando se profieren insultos contra alguien, cuyo único delito es opinar educada y abiertamente.
Pues esto es lo que pasa también en la vida real, está el que tira piedras a la autovía desde un puente o el que cuando sube a su coche, se transforma al sentirse cobijado por la coraza metálica de la carrocería, dedicándose a proferir insultos y lecciones de tráfico al resto de conductores. Por no hablar de que su actitud pone en peligro al resto de usuarios de la vía.
Es por todo ello por lo que el estudio de la conducta humana en "la vida real" se ve reflejada y en muchos casos amplificada por el fenómeno de la red, y que a nadie debería sorprender ciertas actitudes de personajes que luego, en su día a día, probablemente sean reprimidos y amargados y que en la intimidad usen su ordenador para vengarse de "la vida".
Cambian los tiempos y con ellos los medios, pero la esencia del Ser Humano en todo su espectro perdura inalterable, tan sólo adaptándose en su lenta evolución a las herramientas del momento.
sábado, 28 de noviembre de 2009
Kinepolis: Orientación a los resultados: no al cliente.

Kinepolis: orientación a resultados, no al cliente.
Estamos en crisis, le pese a quien le pese y la realidad es que muchas familias recortamos el gasto en la medida de lo posible. Al fin y al cabo es lo que se dictan los informes y estudios de mercado de nuestro pais.
Pues igual que hay empresas que se apoyan el sentimiento del consumidor para darle facilidades, incentivar el consumo y permitir que la reactivación económica sea una realidad, hay otras que parece que naveguen a contracorriente. Estoy hablando de Kinepolis.
Al final de una semana en la que han aflorado diferentes opiniones, no exentas de polémica, sobre el cine y su financiación, me estrello de morros con una Empresa del sector alejada de lo único que podría garantizar su pervivencia: el cliente.
Sin más preámbulos voy a relatar lo acontecido y que cada uno extraiga sus propias conclusiones (agradeceré comentarios al respecto).
Viernes 27 de noviembre, 17h. Mi hijo de 5 años sale del “cole” y decido darle una sorpresa y llevarlo al cine a ver la película “Planet 51”. Estuvo malito a principios de semana (un constipado sin importancia, pero con mucha fiebre y mucho moquito) y como premio a lo buen enfermo que fue y a lo bien que se ha portado en clase, creímos su madre y yo que se merecía un premio.
Así pues nos dirigimos a Kinepolis en Paterna (Valencia) y sacamos las entradas. Pero cuando nos dirigimos hacia las salas, una señorita nos dice que el niño no puede entrar con la botellita de agua que llevaba en la mano. Cortesmente le explico que como ha estado malito debe beber sorbitos de agua para los moquetes de la garganta. Le pregunto que cómo es posible que no se pueda entrar con una botellita de agua a la sala.
Su respuesta no me la podía creer: “Sí se puede entrar agua y lo que se desee a la sala, pero ha de comprarlo dentro”.
Es decir que el negocio está montado de narices, no sólo hay que desembolsar 7,20€ por una entrada, sino que además de tirar una botella llena de agua recién comprada, he de pagar lo que a estos buenos señores se les antoje por otra seguramente de peor calidad.
Pues no, me niego, devuelvo las entradas, pese al disgusto de mi hijo. Ceder no sería más que aceptar su chantaje a través de las emociones de mi hijo. Mirando la enorme cola de padres con hijos empiezo a pensar si serán conscientes del abuso, pero recuerdo que estamos en España y nadie va a hacer lo que yo. Es más cómodo tragar y callar.
La verdad es que no entiendo nada, porque en atención al consumidor me dicen que no es denunciable. Pues entonces que tampoco se metan cuando en la publicidad orientada a los menores, se les utilize para coaccionar a los padres.
En fin, es una vergüenza. Pero preguntémonos: dónde tienen las salas de cine el negocio, en la proyección de películas o en la venta de productos a unos precios desorbitados con márgenes de infarto ya que si alguien quiere tomar algo, aunque sea agua, va a tener que “pasar por el aro”.
Por mí pueden cerrar todas estas macrosalas. Que vuelvan las salas tradicionales donde “el visite nuestro bar” era sólo si tú querías y donde los precios estaban en orden de mercado.
Para aquellos que aún no lo comprendan, les voy a poner un ejemplo: qué opinarían si cuando fuesen a un hotel, les impidiesen usar sus teléfonos móviles, de forma que, para comunicarse con el exterior, sólo pudiesen hacer uso de las líneas del recinto con tarifas que multiplicases por cinco las de los operadores móviles.
lunes, 19 de octubre de 2009
CARREFOUR: CONSCIENCIA MEDIOAMBIENTAL O NEGOCIO REDONDO

Cuántas tropelías se cometieron siglos atrás en nombre de las religiones y los dioses. Como cantaba U2: ¿What more in the name of love?
Ahora, a principios del siglo XXI deberíamos cantar ¿Qué más en nombre del Medio Ambiente?
Nadie pone en duda que hay que ser respetuoso con la naturaleza. Nadie se cuestiona que el enorme y rápido desarrollo de la industria en el siglo pasado, fue un duro golpe contra el equilibrio de nuestro Planeta. En plena revolución industrial, nadie se planteaba que, derivada de su actividad, se podían perjudicar acuíferos, contaminar la atmósfera y provocar efectos que, años más tarde, nos pondrían contra las cuerdas.
El que firma, que se dedica a la gestión medioambiental y al reciclaje, recuerda que no hace muchos años, la legislación no contemplaba la repercusión que podría tener el verter residuos a las alcantarillas. Muchas industrias, podían iniciar su actividad sin contemplar la instalación de una planta depuradora o un sistema de lavado de gases o cómo debían de gestionar sus residuos.
En pocos años esto ha cambiado y hemos pasado del desconocimiento y dejadez, a buscar la excelencia en materia medioambiental. Lógicamente y como ha pasado siempre a lo largo de la historia y bajo el amparo de los diferentes cambios legislativos, surgen los espabilados que preparan el terreno para aumentar sus beneficios. Pero de manera que se frena la competitividad y se genera el correspondiente desdén y desengaño. En la industria todo son trabas y cortapisas aún cuando se observa la ley y las diferentes recomendaciones autonómicas.
Llevado al terreno del consumo y de lo que concierne a todos los ciudadanos de a pie, la multinacional francesa Carrefour lleva ya unos meses sembrando el terreno. A través de publicidad en medios, nos explican lo perjudicial que resulta para el Medio Ambiente el uso de bolsas de plástico. Nadie lo va a negar. Pero nunca se ha planteado el uso racional de las mismas. Te daban un montón y sírvase ud. mismo. Si cogías 10 como si te las llevabas todas.
Ahora, de calvo a siete pelucas. Con la excusa de la contaminación, no solo no te dan bolsas, sino que te las cobran. Te ofrecen una variedad que va desde la bolsa de tela a la de plástico biodegradable, pasando por la de papel. Y de paso con publicidad. Ah y claro desde los 50 a los 5 céntimos de euro. El mensaje es claro, pague para concienciarse que una bolsa puede usarse más de una vez y de paso por llevar nuestra publicidad. De esta forma Carrefour deja de pagar por las bolsas que da a sus clientes, a cobrar por lo mismo.
Mensaje: Conservar el Medio Ambiente implica que el ciudadano de a pie se rasque el bolsillo y de paso que las multinacionales mejoren su cuenta de resultados. Negocio redondo. Para quien piense que no es un negocio, ¿qué empresa (con ánimo de lucro) dedica la cantidad de recursos empleados en esta campaña (publicidad, camisetas de los empleados, ...) sin plantearse un retorno de la inversión?
Pero ahora dejo una pregunta en el aire: ¿Qué pasa con las bolsas de basura? ¿Y con los productos de limpieza domésticos? A mí me sugiere algo similar a pretender barrer el desierto con un cepillo de dientes.
martes, 13 de octubre de 2009
SIN PRISAS PERO SIN PAUSAS

Pues nada más y nada menos que se me ha ocurrido ponerme a escribir un libro.
Como dice en el título, la cosa va para largo, aunque no preveo que sea algo muy extenso. De hecho quiero que sea una guía sobre marketing y gestión en Pymes, basada en mis experiencias tras pasar por cerca de 8 empresas en mis más de 15 años de carrera profesional.
Pretendo que sea divertida a la par que didáctica, pretendo que todo aquel que lo lea se sienta reflejado de uno u otro modo y sea un motivador de cambio. Que es necesario plantearse, y más en la situación actual, que sólo sobrevive aquel capaz de dar algo distinto a la oferta del mercado. Da igual en lo que sea, pero si es diferente ya tienes algo ganado. Seguro.
Además, me apetecía y ya está. Nadie me persigue, así que me tomaré mi tiempo y poco a poco iré dándole cuerpo y puntualmente agregaré algo por este blog, porque seguramente pronto subiré un blog para poder interactuar con los lectores. (si alguien se atreve a leerlo, que creo que serán unos cuantos)
martes, 28 de julio de 2009
¿A cuánto está la cotización del gramo de Sentido Común?

Un antiguo compañero mío hace ya un par de años, cuando alguien hacía algo sin meditar, me decía: A cuánto está el kilo de sentido común??
Yo diría hoy en día que el precio se ha disparado. Pues siguiendo la ley de la oferta y la demanda, cuanto más es caso es un bien, mayor valor alcanza en el mercado. Así pues deberíamos hablar ya de precio por gramo. Y no me aventuraría a poner un precio por debajo de seis dígitos.
Si bien dicen que “ el sentido común es el menos común de los sentidos”, nada más cierto y cercano a la realidad. Desde hace un tiempo, no dejo de sorprenderme día tras día viendo la ineptitud e incompetencia de la gente y una cosa, soy consciente que todos nos equivocamos, pero ante una equivocación está la capacidad de respuesta y el saber estar. Como muestra tres botones:
Caso 1: Qué común es usar la bandeja de “el tiempo lo resolverá”.
Una persona cercana (laboralmente hablando) a la cual le llega un correo electrónico de un servidor solicitándole cierta gestión. Pasan cerca de dos semanas tras las cuales se me ocurre preguntarle si ya había llevado a cabo dicha gestión. Respuesta: “ lo vi, pero como no sabía exactamente lo que había que hacer, lo dejé a la espera”.
Caso 2: Cómo me resbala todo y qué tonta es el resto de la humanidad.
Voy a comprar a un supermercado. Al pasar por caja y mientras me pasaban por el lector de códigos de barras toda la compra, me doy cuenta que un paquete de galletas me lo habían pasado dos veces. Es que no se puede estar trabajando y mientras planificando las vacaciones con la cajera de al lado. Lógicamente reclamo y lo que obtengo por respuesta es: “pues vaya al expositor y coja otro paquete”. No salgo de mi asombro... y claro, qué vas a argumentar con una persona cuyo criterio le dicta dar una contestación de este calado. Nada más salí de la tienda puse la correspondiente queja.
Caso 3: Así se educa a un hijo.
Paseando con mi hijo recién nacido, pertrechado con carrito, bolso y resto de guarniciones, recibo en pleno carro un balonazo. Un padre y un hijo jugaban a la pelota en la calle y lejos de parar al paso de mi mujer y mío, en un alarde de cultura “balompédica”, zas directo al blanco. Naturalmente increpo a ambos y como respuesta me mandan poco menos que a la mierda. Ya me diréis qué se puede esperar de un muchacho que en casa recibe tal clase de educación. Pobre sociedad, pobres maestros y pobre de todos el día de mañana si la naturaleza no lo hace estéril.
Y todo esto se ve elevado a la enésima potencia ya que alguien con un sentido común casi inexistente no se queja nunca. Lo ve todo normal (o mediocre), así que no reclamaría ante este tipo de trato atropello o como se quiera calificar.
Con lo cual, ante la pregunta de cómo es posible que nadie se queje. La respuesta es clara, cada vez hay más mediocres (en el mejor de los casos) y descerebrados.
Se trata de un sistema realimentado y lo podemos comprobar una vez más en las comunidades de vecinos, donde cuando alguien da por saco, sólo suele haber un vecino que se queja y al cual el resto llaman “tocapelotas” (en el mejor de los casos) y en las televisiones sólo se escucha "la noria" y basuras similares... y mientras la casa sin barrer. (no soy machista, me refiero a que el gobierno sigue en su sitio, nadie se queja y como respuesta al paro y a la crisis tan sólo se argumenta en los bares, durante el descanso del partido)